
El libro es un producto diseñado para llevar en la mano, y una de sus mejores características (frente al texto digital) es justamente su capacidad para que disfrutemos tocándolo, es bueno que conozcamos las diferentes opciones que tenemos para realizar en sus tapas distintos volúmenes y texturas. Quizá en estos pequeños detalles resida la gran diferencia entre edición normal y diseño en la encuadernación artística.
Vamos a ver algunas opciones decorativas que tenemos a nuestro alcance:
–Cartulinas: Una de las formas más comunes de añadir volumen es mediante el pegado de trozos de cartulina. Se puede pegar la cartulina tal cual la cortamos, o la podemos tratar, ya sea biselando el borde o lijándolo, con lo que conseguiremos que los bordes tengan un acabado menos abrupto. Los volúmenes conseguidos con las cartulinas pueden realzarse colocando algún material diferente sobre ellas, ya sea una piel muy rebajada o láminas de metal.
–Cuerdas: Una técnica muy antigua para conseguir volúmenes debajo del material es introducir cuerdas. Por ejemplo, el Evangelio de San Cuthbert (del siglo VII) tiene una decoración de la portada hecha con cuerdas cosidas a la madera, masilla en el dibujo central y todo recubierto con piel.
–Pastas: el Gesso, que se suele utilizar para sellar superficies antes de pintarlas, se puede extender sobre el cartón (con espátula, pincel, brocha….) o trabajarlo con más detalle (añadiendo texturas mediante presión de objetos, o aplicándolo con una máscara de estencil). Con las pastas se pueden dar volúmenes muy elevados e, incluso, llegar a modelar figuras complicadas.
–Texturas varias: Con el golpe en seco podemos calcar cualquier textura sobre una piel o un papel humedecido. Para ello usaremos planchas de textura que se usan en los trabajos de pasta polimérica o sobre papel. Podemos poner la textura por dentro o por fuera del material (dependiendo si queremos que la huella quede elevada o hundida), y lo metemos en la prensa con un trozo de plastazote (u otro material acolchado). Podemos remarcar estas huellas con tinta, ya sea oscureciendo los hundidos o las zonas que sobresalen.
–Gofrado: es el grabado de un dibujo sobre el material pero solo por calor. Se puede realizar una huella (hundido) o que el calor cambie el tono del material. Lo más común es que se gofre la piel, ya sea para realizar el dibujo por el cambio de color de la piel con el calor, como para realizar la huella que vamos a dorar.
–Pliegues: sobre las telas, que tienen mayor rigidez, hay que realizar el volumen mediante pliegues, con técnicas como el capitoné (basada en el cosido)
–Incrustaciones: se puede pegar cualquier cosa directamente sobre la portada. Para que este elemento no se separe con facilidad se hace un hundido en la zona de la portada donde se vaya a poner el añadido. De esta forma, la incrustación no queda a ras de la portada y tiene más superficie sobre la que pegarse (ya que se pega también a los laterales de la hendidura)
–Encapsulado: Un encapsulado es un hueco realizado sobre una portada sin llegar a traspasarla, donde se introducen objetos (sujetos o no), a veces cubiertos por una tapa transparente y otras veces sin ella. Los encapsulados suelen hacerse en portadas firmes y de gran grosor, que son las que permiten realizar estos espacios con gran profundidad.
–Embossing con polvos: Se puede realizar sobre cualquier material, aunque en aquellos que sean porosos hay que tratarlos antes, y cuando demos calor sobre la piel deberemos tener cuidado. La forma de realizarlo es colocar un pegamento especial sobre el que echaremos los polvos de embossing que quedarán pegados. Para que cojan el volumen se les dará con una pistola de calor.
–Cosidos: Al igual que se pueden poner cuerdas bajo el material para crear volúmenes, todo cosido que hagamos sobre el material también los crearán. El cosido puede atravesar toda la portada o ir sólo sobre el material de recubrimiento.
