Uno de los secretos del éxito de la Unión Soviética durante la carrera espacial fue su uso del diseño gráfico para inspirar al pueblo ruso en la carrera espacial.

A lo largo del siglo XX, la Unión Soviética usó la carrera espacial como una herramienta de propaganda. Sirvió como motivación para un país lleno de penurias y conflictos, que pasó a soñar con un ‘paraíso de los trabajadores’ que se podía conseguir conquistando las estrellas.
En Rusia circulaban revistas de ciencia y tecnología, como Vestnik Znaninya (Heraldo del conocimiento) o Nauka i Zhizn (ciencia y vida), que tenían un relativo éxito popular y fueron las primeras en fomentar este éxito.
Para lograrlo, las publicaciones así como los órganos de gobierno y las entidades científicas reclutaron a legiones de ilustradores, redactores y asesores que produzcan publicaciones que acerquen la ciencia a la población.
Los rusos percibían la carrera espacial de una manera que parecía ciencia ficción, se apoderaba de la imaginación popular y usaba los avances tecnológicos para dar una imagen de modernidad al país y considerar a sus astronautas y científicos como héroes nacionales.

El arte espacial soviético se caracterizaba por seguir la corriente del realismo acompañado de influencias avant-garde y de otras corrientes artísticas que moldeaban las ilustraciones de los libros y las revistas científicas y les daban ese aspecto de ciencia ficción y futurismo.
Yuri Gagarin (el primer humano que orbitó la Tierra), Valentina Tereshkova (primera mujer astronauta) y Alexei Leonov (primera persona que salió de una cápsula al espacio exterior) fueron elevados a la categoría de héroes, un panteón compartido por científicos, técnicos y, por supuesto, militares a cargo del programa espacial. Se crearon cientos de ilustraciones de ellos como conquistadores del espacio, con poses de grandiosidad y fondos de otros mundos.

También se creó mucho material en el cual los diseñadores gráficos exploraban cómo sería el mañana, con ciudades con rascacielos kilométricos e infraestructuras acuáticas entre metrópolis, oscilando entre el rigor científico y la fantasía surrealista, con colonias espaciales, estaciones orbitales dotadas de todas las comodidades, y naves con la hoz y el martillo aterrizando en otros planetas.
